Por qué hace más frío en Culla que en Castellón y otras cuestiones sobre el clima

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Autor: Dr. Víctor Fabregat, técnico astrofísico del observatorio astronómico turístico de Culla.

Ensayo ganador de la segunda edición del Premio Literario en Valenciano de Divulgación Científico-Tecnológica de la Universidad Jaume I de Castellón.

“¿Por qué hace más frío en Culla que en Castellón?” Hace poco tiempo, un buen amigo me formuló esta pregunta, acompañado de “si Culla está más cerca del Sol”. Después de unos segundos pensando, mi reflexión fue que, sorprendentemente este mismo razonamiento es el que se plantea mucha gente.

En términos de longitud y distancia, decir que en Culla hace más calor que en Castellón porque está más cerca del Sol, es como si alguien que está un paso por delante de mí sintiera más calor debido a un incendio que se está produciendo en el mismo momento en Grecia. El Sol, se encuentra a unos 150 millones de kilómetros de la Tierra, y su influencia en las diferencias térmicas en distintas regiones del planeta está provocada por la incisión de los rayos solares, es decir, la inclinación del ángulo en que los rayos del Sol nos llegan. Éstos, pueden oscilar con la latitud y también con la estación del año. El primer factor es el que produce la diferencia entre climas al variar la distancia con el ecuador terrestre, mientras que la consecuencia del segundo hecho son la existencia de estaciones.

Pero, para responder nuestra pregunta tenemos que pensar en términos no tan macroscópicos y citar a uno de los científicos más importantes del siglo XX. Albert Einstein, en 1905, el annus mirabilis de la física, publicó tres de los trabajos científicos más revolucionarios de la historia: la interpretación cuántica del efecto fotoeléctrico (por lo que recibiría el Premio Nobel en 1921), la teoría de la relatividad especial y la teoría del movimiento browniano. Precisamente con esta última teoría se completaba la Teoría Cinética de los Gases (TCG), la cual llevaba desarrollándose desde el 1661 cuando Boyle intentó explicar con un modelo experimental la naturaleza del comportamiento de los gases y que posteriormente en el siglo XVIII, Bernoulli y en el XIX, Joule, Clausius, Maxwell y Boltzman desarrollaron.

La TCG explica el comportamiento y propiedades macroscópicas de los gases a partir de una descripción estadística de los procesos moleculares microscópicos. Sus principios consisten en considerar el gas como un conjunto enorme de partículas que siguen las leyes de la mecánica newtoniana; las moléculas que forman el gas experimentan choques elásticos entre sí, donde se conserva siempre el momento lineal y la energía cinética. Además se considera que el movimiento de las partículas es caótico y que las únicas fuerzas apreciables sobre las partículas son las que operan durante los choques.

A partir de estos principios se definen conceptos tan importantes como la presión, la densidad volumétrica o la temperatura. Nos limitaremos a explicar la definición de temperatura a partir de la TCG ya que es el parámetro que necesitamos para responder a la pregunta que ha originado este artículo. La temperatura se interpreta como una medida de la energía cinética media por molécula y es proporcional al número de choques elásticos entre las moléculas. Es decir, al calentar un gas, la agitación molecular aumenta, elevando la velocidad media de las partículas y el número de choques entre ellas. En cambio, si disminuye la temperatura del gas, los choques decrecen y este se puede llegar incluso a licuar. Por lo tanto, la temperatura es directamente proporcional al número de choques entre moléculas que conforman el gas y también a la energía cinética con que se mueven estas moléculas.

Concretando, la respuesta que le di a mi amigo fue: Culla está a una altura 1000 metros superior a Castellón; al ascender en altura hay menos moléculas de aire, por lo tanto también habrá menos colisiones entre ellas y menos energía cinética, por lo tanto la temperatura será inferior. El aire tiene masa y por lo tanto sigue los criterios de la fuerza de la gravedad, a nivel del mar hay mucho más aire que en las montañas, de ahí que en las grandes cumbres no se puede respirar bien, o la famosa regla de tres que a todos nos han enseñado en el colegio, que a aumentar 100 metros en altura, la temperatura disminuye unos 0,6 ºC.

La conversación con mi amigo se convirtió pronto en una verdadera tertulia científica, en la actualidad todo el mundo habla del Cambio Climático y de sus posibles efectos en los siglos venideros. Indudablemente la mano del ser humano tiene mucho que ver en este hecho y está más que demostrado que la actividad industrial en los últimos 150 años ha provocado un calentamiento de la atmósfera terrestre. Pero, ¿Hasta dónde llegan los efectos ocasionados por el Ser Humano? ¿Tiene la naturaleza y sus ciclos algo que ver con el Calentamiento Global?

El interés por la climatología siempre ha sido patente en las tierras del Maestrazgo, en el interior de la provincia de Castellón, los campesinos y ganaderos han desarrollado desde tiempos inmemoriales pequeñas destrezas para predecir el tiempo y aprovechar sus expresiones. En muchos de los pueblos de la zona existen neveras, antiguas edificaciones que se utilizaban para almacenar nieve en forma de hielo en invierno y comercializar con él. En los archivos municipales se pueden encontrar inventarios que demuestran que el negocio del hielo era muy rentable en la zona, siendo el punto culminante en el siglo XVIII, en ese siglo se construyeron muchas de las neveras, incluso en lugares donde en la actualidad no nieva, por debajo de los 500 metros. También está inventariado los días que nevaba cada año, más del triple que en la actualidad. De hecho, la ciencia denomina los siglos XVI, XVII y XVIII, climatológicamente hablando, como la pequeña edad de hielo. Si tienen la opción de visitar la National Gallery londinense, se pueden ver frescos del siglo XVI y XVII ilustrando los inviernos helados ingleses con la celebración de ferias sobre el hielo del río Támesis o carreras de patinaje sobre los congelados canales holandeses.

Mi amigo, amante de la historia, continuó la conversación explicándome otro hecho que demuestra el poder de la naturaleza en estado puro. En 1815, en plena primavera de la era de las revoluciones, en la isla indonesia de Sumbawa, el volcán Tambora entró en una erupción súbita, dramática y espectacular, murieron más de 100.000 personas con la explosión y tsunamis relacionados. Fue la mayor erupción volcánica de los últimos 10.000 años, equivalente a 60.000 bombas atómicas como las de Hiroshima. En Europa no se hizo mucho eco de la noticia, The Times publicó un reportaje siete meses después, cuando los efectos del Tambora ya se podían notar en el viejo continente. Lord Byron los describió con unos famosos versos que inspiraron una de sus mayores obras, Darkness (oscuridad):

I had a dream, which was not all a dream,
the bright sun was extinguish’d, and the stars,
did wander darkling in the eternal space.
Rayless, and pathless, and the icy earth.
swung blind and blackening in the moonless air.

Más de 240 Km3 de ceniza, polvo y arena fueron emitidos a la atmósfera, la penumbra de la que habla Lord Byron cubrió realmente todo el planeta. El año 1815 no pasó solo a la historia por la derrota de Napoleón en Waterloo, también porque en Europa no llegó la primavera ni el verano. Los termómetros bajaron tres grados de media mundial, las heladas matutinas duraron hasta junio, no hubo cosechas en todo el continente, el hambre y epidemias se cargaron a cientos de miles de europeos y la gran mayoría de su ganadería murió. Con este ejemplo quiero ilustrar la fuerza con la que la naturaleza terrestre puede influir en el clima. Sólo el Tambora emitió tanto de CO2 a la atmósfera como EEUU en los últimos 10 años.

Los efectos del calor interno del planeta son los responsables de que la Tierra esté viva pero, al precio de sufrir un continuo estado de cambio e inestabilidad (hablando en tiempo geológico). Volcanes, terremotos, actividad orogénica y la inexorable deriva continental en su disposición en la tierra son factores de elevada importancia en cómo se rige el clima mundial. Si la Antártida no estuviera situada en el Polo Sur, la temperatura de La Tierra sería notablemente superior; en cambio, si Groenlandia, Canadá o Siberia estuvieran sobre el Polo Norte geográfico, tendríamos glaciares permanentes en las actuales zonas templadas. Por ejemplo, con el afloramiento del canal de Panamá, se perturbaron las corrientes oceánicas globales, las pautas de precipitaciones mundiales fueron modificadas drásticamente y aparecieron fenómenos como los huracanes caribeños, el niño asiático, además de la desecación de África. Cabe destacar que este último efecto obligó a los simios a bajar de los árboles y buscar otras formas de alimentación, un paso clave en la evolución homínida. Con la colisión de La India, una isla en época de los dinosaurios, con el continente Euroasiático y la consecuente formación del Himalaya y la meseta tibetana, que se levantan hasta alturas casi el límite troposférico (la estratosfera, capa superior a la troposfera, comienza a unos 11 km, como media global), provocan la desviación de las corrientes de aire con efectos claves para la climatología actual.

El planeta está en continuo cambio climático y las extinciones masivas o las apariciones de especies (como la explosión cámbrica) preceden y siguen a las glaciaciones respectivamente de una forma inevitable. Y no son sólo los factores terrestres los que influyen en el vulnerable clima planetario, los peligros pueden venir de fuera. A la ya conocida amenaza de meteoritos, se calcula que el que extinguió a los dinosaurios tuvo un efecto de miles de millones de veces el del volcán Tambora, se pueden añadir otras de naturaleza dentro del sistema solar.

En su tránsito por la galaxia, el Sol se puede encontrar en zonas de polvo cósmico. Estas partículas podrían calentar el ionosfera y inestabilizar el campo magnético, para nosotros sería un gran espectáculo ver auroras boreales en España, pero para el clima serían unos cuantos grados de más de propina. Los cambios en la actividad y las tormentas solares, además de destruir nuestra tecnología, podrían ayudar a este calentamiento atmosférico. Por otro lado, nuestro planeta está regido, en su viaje por la Vía Láctea, por las transiciones en los ciclos de Milankovitch. La Tierra, en su movimiento está sometida a variaciones en la longitud, la forma y el ángulo de orientación de su órbita al Sol, estos cambios afectan a la inclinación e intensidad de la luz solar sobre la superficie de la tierra. Hay tres ciclos: oblicuidad, precisión y excentricidad, de duraciones de 20.000, 40.000 y 100.000 años respectivamente, formando un sistema a tres variables con múltiples combinaciones, cuyos efectos se relacionan con los ciclos climáticos y la alternancia de las Ice Age y Warm Age.

Los testigos de hielo de Groenlandia son una de las pocas fuentes fiables, y lo que nos revelan no resulta tranquilizador. La Tierra, en su historia reciente no ha sido el lugar tranquilo y entrañable que conocemos, sino que se ha convertido en un frente de batalla violenta entre períodos de calor y frío brutal (y esta vez sin hablar en edad geológica). Hace unos 12.000 años, al final de la última Ice Age (glaciación), la tierra comenzó a calentarse con gran rapidez, los testigos de hielo indican que las temperaturas subieron 4ºC en sólo 20 años, lo que equivale a cambiar el clima de Escandinavia por el del Mediterráneo. No se sabe exactamente qué combinación de factores causó el efecto, lo que sí se puede concebir es que las consecuencias hoy en día serían bastante inimaginables. Hemos tenido unos 17 episodios glaciares en los últimos 2,5 millones de años, aproximadamente el periodo que coincide con la aparición del Homo Erectus en África, antepasado inmediato de los humanos modernos.

Curiosamente, toda la evolución socio-tecnológica del Homo Sapiens Sapiens: aparición de la agricultura, ganadería, invención de la escritura, la creación del sedentarismo y las ciudades, las matemáticas, la ciencia y la tecnología; se ha producido en los últimos 8.000 años, en un período atípico de tranquilidad climática conocido como el Holoceno. Pero parece que estamos llegando al final de éste, no solo por la acción catalizadora humana en cuanto a calentamiento global, sino también por alguna combinación de los múltiples factores que rigen el clima mundial. No deja de ser desconcertante que los valles fértiles que vieron nacer las primeras civilizaciones de la antigüedad como Egipto y Mesopotamia, sean en la actualidad, y ya lo eran hace dos siglos antes de la revolución tecnológica, auténticos desiertos. Por lo tanto, algo más hay aparte de la exacerbada emisión de dióxido de carbono a la atmósfera debido a la actividad humana.

Al terminar la conversación, tanto mi amigo como yo llegamos a la conclusión de que se puede enfocar el cambio climático como una consecuencia de nuestro exceso tecnológico pero también como un efecto cíclico de nuestro planeta. La diferencia es que el planeta Tierra, pase lo que pase, se recuperará. Se han superado épocas de actividad orogénica mucho más activa que la actual; colisiones de enormes meteoritos, como el que formó La Luna, que con una composición similar a la de la corteza terrestre, indica que se formó por la combinación de los residuos desprendidos a causa de la colisión de un gran cuerpo sobre la Tierra. La vida ha sobrevivido a periodos con una atmósfera formada por gases tóxicos y ha creado la actual basada en oxígeno y nitrógeno. La madre Gaia es mucho más resistente que la frágil y endeble especie humana. La naturaleza es sabia y conoce los efectos de todos sus ciclos, por otra parte, la cuestión es si nosotros también lo somos, o conseguiremos serlo, y evitar lamentar un desastroso final de nuestra especie o el de la actual sociedad tecnológica tal como la conocemos. Sólo se pide confianza en la ciencia, aunque incluso Stephen Hawking, en un tono ciencia ficcionista ha declarado recientemente “No creo que sobrevivamos otros mil años sin escapar de este, nuestro frágil planeta”.


  1. Levine, I. R., Fisicoquímica, vol. 2, Traducción: González-Ureña A., Madrid: Mc Graw Hill, quinta edición, 2004.
  2. Allen, O. E., Atmosphere, Alexandria Va.: Time-Life Books, 1983.
  3. Boira, P., Les Neveres de la província de Castelló: L’ús i el comerç de la neu a les comarques castellonenques, Vinaròs: 4 Colors, 2012.
  4. Bryson, B., Una breve historia de casi todo, Traducción: Álvarez, J. M., Barcelona: RBA Libros, 2003.
  5. Officer, C., Page, J., Tales of the Earth: Paroxysms and perturbations of the Blue Planet. New York: Oxford University Press, 1993.
  6. Hallam, A., Grandes controversias geológicas, Traducción: Fontbote J. M., Rubio, M., Barcelona: RBA Coleccionables S. A., 1994.
  7. Gribbin, J., Ice Age, London: Allen Lane, 2001.
  8. Milankovitch, M., La climatología matemática y la teoría astronómica de los cambios climáticos, 1930.
  9. Harben, P., El mundo del saber: La Tierra, Traducción: Diorki Traductores, Barcelona: Jaimes Libros S. A., 1979.
  10. Stevens, W. K., The Change in the Weather: People, Weather and the Science of Climate. New York: Delacorte, 1999.

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Autor: Dr. Víctor Fabregat, técnic astrofísic de l’observatori astronómic turístic de Culla.

Assaig guanyador de la segona edició del Premi Literari en Valencià de Divulgació Científic-Tecnològica de la Universitat Jaume I de Castelló.

“Per què fa més fred a Culla que a Castelló?” Fa poc de temps, un bon amic em va formular aquesta pregunta, acompanyat de “si Culla està més a prop del Sol”. Després d’uns segons rumiant, la meua reflexió va ser que, sorprenentment aquest mateix raonament és el que es planteja molta gent.

En termes de longitud i distància, dir que a Culla fa més calor que a Castelló perquè està més a prop del Sol, és com si algú que està un pas per davant de mi sentira més calor a causa d’un incendi que s’està produint en el mateix moment a Grècia. El Sol, es troba a uns 150 milions de kilòmetres de la Terra, i la seua influència en les diferències tèrmiques en distintes regions del planeta està provocada per la incisió dels rajos solars, és a dir, la inclinació de l’angle en que els rajos del Sol ens arriben. Aquests, poden oscil·lar amb la latitud i també amb l’estació de l’any. El primer factor és el que produeix la diferència entre climes al variar la distància amb l’equador terrestre, mentre que la conseqüència del segon fet són l’existència d’estacions.

Però, per respondre la nostra pregunta tenim que pensar en termes no tan macroscòpics i citar a un dels científics més importants del segle XX. Albert Einstein, en 1905, l’annus mirabilis de la física, va publicar tres dels treballs científics més revolucionaris de la historia: la interpretació quàntica de l’efecte fotoelèctric (pel que rebria el Premi Nobel l’any 1921), la teoria de la relativitat especial i la teoria del moviment brownià. Precisament amb aquesta última teoria es completava la Teoria Cinètica dels Gasos (TCG), la qual portava desenvolupant-se des del 1661 quan Boyle va intentar explicar amb un model experimental la naturalesa del comportament dels gasos i que posteriorment en el segle XVIII, Bernoulli i en el XIX, Joule, Clausius, Maxwell i Boltzman van desenrotllar.

La TCG explica el comportament i propietats macroscòpiques dels gasos a partir d’una descripció estadística dels processos moleculars microscòpics. Els seus principis consisteixen en considerar el gas com un conjunt enorme de partícules que segueixen les lleis de la mecànica newtoniana; les molècules que formen el gas experimenten xocs elàstics entre si, on es conserva sempre el moment lineal i l’energia cinètica. A més es considera que el moviment de les partícules és caòtic i que les úniques forces apreciables sobre les partícules són les que operen durant els xocs.

A partir d’aquests principis es defineixen conceptes tan importants com la pressió, la densitat volumètrica o la Temperatura. Ens limitarem a explicar la definició de Temperatura a partir de la TCG ja que és el paràmetre que necessitem per respondre la pregunta que ha originat aquest article. La temperatura s’interpreta com una mesura de l’energia cinètica mitjana per molècula i és proporcional al numero de xocs elàstics entre les molècules. És a dir, en escalfar un gas, l’agitació molecular augmenta, elevant la velocitat mitjana de les partícules i el numero de xocs entre elles. En canvi, si disminueix la temperatura del gas, els xocs decreixen i aquest es pot arribar inclús a liquar. Per lo tant, la temperatura és directament proporcional al nombre de xocs entre molècules que conformen el gas i també a l’energia cinètica amb que es mouen aquestes molècules.

Concretant, la resposta que li vaig donar al meu amic va ser: Culla està a una altura 1000 metres superior a Castelló; al ascendir en altura hi ha menys molècules d’aire, per lo tant també hi haurà menys col·lisions entre elles i menys energia cinètica, per lo tant la temperatura serà inferior. L’aire té massa i per tant segueix els criteris de la força de la gravetat, a nivell del mar hi ha molt més aire que en les muntanyes, d’ací que en les grans cimes no és pot respirar bé, o la famosa regla de tres que a tots ens han ensenyat al col·legi, que al augmentar 100 metres en altura, la temperatura disminueix uns 0,6 ºC.

La conversació amb el meua amic es va convertir prompte en una vertadera tertúlia científica, en l’actualitat tot el mon parla del Canvi Climàtic i dels seus possibles efectes en els segles veniders. Indubtablement la mà del ser humà té molt a veure en aquest fet i està més que demostrat que l’activitat industrial en els últims 150 anys ha provocat un calfament de l’atmosfera terrestre. Però, fins on arriben els efectes ocasionats pel Ser Humà? Té la naturalesa i els seus cicles alguna cosa a veure amb el Calfament Global?

L’interès per la climatologia sempre ha segut patent en les terres del Maestrat, a l’interior de la província de Castelló, els camperols i ramaders han desenvolupat des de temps immemorials petites destreses per predir el temps i aprofitar les seues expressions. En molts dels pobles de la zona existeixen neveres, antigues edificacions que s’utilitzaven per almacenar neu en forma de gel a l’hivern i comercialitzar amb ell. En els arxius municipals es poden trobar inventaris que demostren que el negoci del gel era molt rentable a la zona, sent el punt culminant el segle XVIII, en eixe segle es van construir moltes de les neveres, inclús en llocs on en l’actualitat no neva, per baix dels 500 metres. També està inventariat els dies que nevava cada any, més del triple que en l’actualitat. De fet, la ciència denomina els segles XVI, XVII i XVIII, climatològicament parlant, com la petita edat de gel. Si teniu l’opció de visitar la National Gallery londinenca, es poden veure frescos del segle XVI i XVII il·lustrant els hiverns gelats anglesos amb la celebració de fires sobre el gel del riu Temessis o carreres de patinatge sobre els congelats canals holandesos.

El meu amic, amant de la història, va continuar la conversa explicant-me un altre fet que demostra el poder de la natura en estat pur. En 1815, en plena primavera de la era de les revolucions, a l’illa indonèsia de Sumbawa, el volcà Tambora va entrar en una erupció sobtada, dramàtica i espectacular, van morir més de 100.000 persones amb l’explosió i tsunamis relacionats. Va ser la major erupció volcànica dels últims 10.000 anys, equivalent a 60.000 bombes atòmiques com les de Hiroshima. Europa no va fer molt d’eco de la notícia, The Times va publicar un reportatge set mesos després, quan els efectes del Tambora ja es podien notar en el vell continent. Lord Byron els va descriure amb uns famosos versos que van inspirar una de les seues majors obres, Darkness (obscuritat):

I had a dream, which was not all a dream,
the bright sun was extinguish’d, and the stars,
did wander darkling in the eternal space.
Rayless, and pathless, and the icy earth.
swung blind and blackening in the moonless air.

Més de 240 Km3 de cendra, pols i arena van ser emesos a l’atmosfera, la penombra de la que parla Lord Byron va cobrir realment tot el planeta. L’any 1815 no soles va passar a la història per la derrota de Napoleó a Waterloo, també perquè a Europa no va arribar la primavera ni l’estiu. Els termòmetres van baixar tres graus de mitja mundial, les gelades matutines van durar fins a juny, no va haver collites en tot el continent, la fam i epidèmies es van carregar a centenars de milers d’europeus i la gran majoria de la seua ramaderia va morir. Amb aquest exemple vull il·lustrar la força amb la que la naturalesa terrestre pot influir en el clima. Sols el Tambora va emetre tant de CO2 a l’atmosfera com EEUU en els últims 10 anys.

Els efectes del calor intern del planeta són els responsables que la Terra estiga viva però, al preu de sofrir un continu estat de canvi i inestabilitat (parlant en temps geològic). Volcans, terratrèmols, activitat orogènica i la inexorable deriva continental en la seua disposició en la terra són factors d’elevada importància en com es regeix el clima mundial. Si l’Antàrtida no estigués situada al Pol Sud, la temperatura de La Terra seria notablement superior; en canvi, si Groenlàndia, Canadà o Siberia estigueren sobre el Pol Nord geogràfic, tindríem glaciars permanents en les actuals zones temperades. Per exemple, amb l’aflorament del canal de Panamà, es van pertorbar les corrents oceàniques globals, les pautes de precipitacions mundials van ser modificades dràsticament i van aparèixer fenòmens com els huracans caribenys, el niño asiàtic, a més de la dessecació d’Àfrica. Cal destacar que aquest últim efecte va obligar als simis a baixar dels arbres i buscar altres formes d’alimentació, un pas clau en l’evolució homínida. Amb la col·lisió de La India, una illa en època dels dinosaures, amb el continent Euroasiàtic i la conseqüent formació de l’Himàlaia i l’altiplà tibetà, que s’alcen fins altures quasi el límit troposfèric (l’estratosfera, capa superior a la troposfera, comença a uns 11 km, com a mitjana global), provoquen la desviació dels corrents d’aire amb efectes claus per a la climatologia actual.

El planeta està en continu canvi climàtic i les extincions massives o les aparicions d’espècies (com l’explosió càmbrica) precedeixen i segueixen a les glaciacions respectivament d’una forma inevitable. I no són sols els factors terrestres els que infueixen en el vulnerable clima planetari, els perills poden vindre de fora. A la coneguda amenaça de meteorits, es calcula que el que va extingir els dinosaures va tindre un efecte de mils de milions de vegades el del volcà Tambora, es poden afegir altres de naturalesa de dins del sistema solar.

En el seu trànsit per la galàxia, el Sol es pot trobar en zones de pols còsmic. Aquestes partícules podrien calfar al ionosfera i inestabilitzar el camp magnètic, per a nosaltres seria un gran espectacle veure aurores boreals a Espanya, però per al clima serien uns quants graus de més de propina. Els canvis en l’activitat i les tempestes solars, a més de destruir la nostra tecnologia, podrien ajudar a aquest calfament atmosfèric. D’altra banda, el nostre planeta està regit, en el seu viatge per la Via Làctia, per les transicions en els cicles de Milankovitch. La Terra, en el seu moviment està sotmesa a variacions en la longitud, la forma i l’angle d’orientació de la seua òrbita al Sol, aquests canvis afecten a la inclinació i intensitat de la llum solar sobre la superfície de la terra. Hi ha tres cicles: obliqüitat, precisió i excentricitat, de duracions de 20.000, 40.000 i 100.000 anys respectivament, formant un sistema a tres variables amb múltiples combinacions, els efectes dels quals es relacionen amb els cicles climàtics i l’alternança de les Ice Age i Warm Age.

Els testimonis de gel de Groenlàndia són una de les poques fonts fiables, i el que ens revelen no resulta tranquil·litzador. La Terra, en la seua història recent no ha segut el lloc tranquil i entranyable que coneixem, sinó que ha esdevingut un front de batalla violenta entre períodes de calor i fred brutal (i aquesta vegada sense parlar en edat geològica). Fa uns 12.000 anys, al final de l’última Ice Age (glaciació), la terra va començar a calfar-se amb gran rapidesa, els testimonis de gel indiquen que les temperatures van pujar 4ºC en sols 20 anys, el que equival a canviar el clima d’Escandinàvia pel del Mediterrani. No es sap exactament quina combinació de factors va causar l’efecte, el que sí que es pot concebre és que les conseqüències avui en dia serien bastant inimaginables. Hem tingut uns 17 episodis glacials en els últims 2,5 milions d’anys, aproximadament el període que coincideix amb l’aparició de l’Homo Erectus en Àfrica, avantpassat immediat dels humans moderns.

Curiosament, tota l’evolució sòcio-tecnològica de l’Homo Sapiens Sapiens:  aparició de l’agricultura, ramaderia, invenció de l’escriptura, la creació del sedentarisme i les ciutats, les matemàtiques, la ciència i la tecnologia; s’ha produït en els últims 8.000 anys, en un període atípic de tranquil·litat climàtica conegut com l’Holocè. Però sembla que estem arribant al final d’aquest, no soles per l’acció catalitzadora humana en quant a calfament global, sinó també per alguna combinació dels múltiples factors que regeixen el clima mundial. No deixa de ser desconcertant que les valls fèrtils que van veure nàixer les primeres civilitzacions de l’antiguitat com Egipte i Mesopotàmia, siguin en l’actualitat, i ja ho eren fa dos segles abans de la revolució tecnològica, autèntics deserts. Per lo tant, alguna cosa més hi ha a part de l’exacerbada emissió de diòxid de carboni a l’atmosfera a causa de l’activitat humana.

Al acabar la conversació, tant el meu amic com jo vam arribar a la conclusió que es pot enfocar el canvi climàtic com una conseqüència del nostre excés tecnològic però també com un efecte cíclic del nostre planeta. La diferència és que el planeta Terra, passi el que passi, es recuperarà. S’han superat èpoques d’activitat orogènica molt més activa que l’actual; col·lisions d’enormes meteorits, com el que va formar La Lluna, que amb una composició similar a la de l’escorça terrestre, indica que es va formar per la combinació dels residus despresos a causa de la col·lisió d’un gran cos sobre la Terra. La vida ha sobreviscut a períodes amb una atmosfera formada per gasos tòxics i ha creat l’actual basada en oxigen i nitrogen. La mare Gaia és molt més resistent que la fràgil i endeble espècie humana. La naturalesa és sabia i coneix els efectes de tots els seus cicles, d’altra banda, la qüestió és si nosaltres també ho som, o aconseguirem ser-ho, i evitar lamentar un desastrós final de la nostra espècie o el de l’actual societat tecnològica tal i com la coneixem. Sols es demana confiança en la ciència, encara que fins i tot Stephen Hawking, en un to ciència-ficcionista ha declarat recentment “No crec que sobrevisquem altres mil anys sense escapar d’aquest, el nostre fràgil planeta”.

  1. Levine, I. R., Fisicoquímica, vol. 2, Traducción: González-Ureña A., Madrid: Mc Graw Hill, quinta edición, 2004.
  2. Allen, O. E., Atmosphere, Alexandria Va.: Time-Life Books, 1983.
  3. Boira, P., Les Neveres de la província de Castelló: L’ús i el comerç de la neu a les comarques castellonenques, Vinaròs: 4 Colors, 2012.
  4. Bryson, B., Una breve historia de casi todo, Traducción: Álvarez, J. M., Barcelona: RBA Libros, 2003.
  5. Officer, C., Page, J., Tales of the Earth: Paroxysms and perturbations of the Blue Planet. New York: Oxford University Press, 1993.
  6. Hallam, A., Grandes controversias geológicas, Traducción: Fontbote J. M., Rubio, M., Barcelona: RBA Coleccionables S. A., 1994.
  7. Gribbin, J., Ice Age, London: Allen Lane, 2001.
  8. Milankovitch, M., La climatología matemática y la teoría astronómica de los cambios climáticos, 1930.
  9. Harben, P., El mundo del saber: La Tierra, Traducción: Diorki Traductores, Barcelona: Jaimes Libros S. A., 1979.
  10. Stevens, W. K., The Change in the Weather: People, Weather and the Science of Climate. New York: Delacorte, 1999.

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